Las ruinas de Villa Epecuén

Pequeño recorrido histórico

Villa Epecuén fue fundada en 1821, y durante más de 60 años creció hasta alcanzar la posibilidad de alojar a 5000 turistas. Fue un centro de turismo de salud que la aristocracia porteña visitaba persiguiendo las propiedades curativas de las aguas del lago con una cantidad de minerales similares a las del Mar Muerto. En la década del 60 el perfil turístico cambió pero siguió creciendo. Villa Epecuén llegó a tener dos trenes diarios que llegaban desde Buenos Aires en temporada alta.

En 1985 la inundación de las Lagunas Encadenadas del oeste bonaerense hizo crecer las aguas en proporciones extraordinarias amenazando a gran cantidad de ciudades en la región. Cuando se abrieron las compuertas de la Laguna de Guaminí, la última de las encadenadas; el Lago Epecuén desbordó un gran terraplén e inundó las calles de la villa. El ingreso del agua fue tan veloz que mucha gente no pudo sacar sus vehículos. En pocos días lo que había sido una pujante villa turística quedó sumergida bajo el agua.

Las ruinas de Villa Epecuén permanecieron bajo el agua salada durante casi 20 años. El lago recuperó su alto índice de salinidad a medida que decrecía su caudal y esa sal fue transformando todo. Hoy esas ruinas están rodeadas de árboles blancos, impregnados de una combinación mineral que los emparenta con el mármol.

Las Ruinas de Villa Epecuén son hoy patrimonio de la provincia de Buenos Aires y parte del impulso turístico generado la ciudad de Carhué, a solo 10 kilómetros. El lugar volvió a ser un centro termal con propiedades curativas como lo fue antes de la gran inundación.